viernes, 24 de febrero de 2012

Eiger 4.- El asalto definitivo... con Anderl Heckmair al frente

A la mañana siguiente, el 23 de julio, comienzan a escalar a las 7, por una fisura en un diedro en la parte más alta de La Rampa, con Heckmair en cabeza. En este tramo sufre varias caídas, pero eso no hace sino enrabietarle para terminar de superar los difíciles pasos con él de primero.

Rampa (foto actual)

Por esta zona las dos cordadas se unen en una sola, y así, los 4 juntos afrontan la Vira Delicada, una especie de faja horizontal que acaba en la Fisura Delicada. Es aquí desde donde un fotógrafo les toma una foto desde un avión que se acercó a la pared buscando a los escaladores.

Tras la Rampa continúan por la Vira Delicada con Heckmair delante escalando ya la Fisura Delicada

Tras ascender por la Fisura Delicada llegan a una nueva faja, la preciosa Travesía de los Dioses. Y por esta zona, es cuando el tiempo les empieza a empeorar, con amenazadoras nubes de tormenta y niebla que cubre la pared.

Kasparek al inicio de la Travesía de los Dioses

La Travesía de los Dioses (foto actual)

Heckmair y Vörg. Perfecta técnica francesa de “piolet ancla”

La Travesía de los Dioses termina en La Araña, un nevero vertical que forma como un embudo al que van a confluir varias torrenteras nevadas a modo de patas de araña, que canalizan los desprendimientos y aludes que vienen del gran nevero cimero. Por eso mismo es una zona especialmente peligrosa, sobre todo por la tarde, o en situaciones de tormenta.

En la Araña (recreación del documental de Thomas Ulrich)

Arriba: Heckmair progresando de cara a la pared.

Y ese era el caso. Habia tormenta de aguanieve. Y sucedió lo previsible: sobre las 16 horas un gran alud de rocas, hielo y nieve barrió durante larguísimos segundos todo el nevero de la araña. En ese momento estaban formando dos cordadas, la de Kasparek y Harrer, que iban por atrás aguantó bien el alud por estar en ese momento asegurados a clavijas de hielo, aunque Kasparek terminó herido en una mano por los golpes de las rocas y los fragmentos de hielo que caían. Heckmair demostró una vez más su valía: no estaban asegurados y sin embargo consiguió aguantar el desprendimiento asido a su piolet con una mano, mientras con la otra sostenía a Vorg por el cuello de su chaqueta. Algo ciertamente heroico porque la fuerza del alud debió de ser tremenda.

A partir de ese momento, y ya hasta el final formarían una única cordada de 4 con Heckmair en cabeza.

Al finalizar el nevero de la Araña montan el vivac, aunque las condiciones son muy precarias, tan solo disponen de una estrecha repisa en donde apenas pueden estar sentados con los pies colgando sobre el vacío.

La noche no es mala del todo, aunque sigue el mal tiempo. Nieva, pero donde están se sienten a cubierto: una pequeña repisa les protege de los continuos desprendimientos y aludes que caen sin parar.

Vivac en la Araña

Cuando llega la mañana, a pesar de que sigue nevando, deciden no esperar, temiendo que el tiempo no mejore en varios días y les deje atrapados. Aligeran las mochilas y se lanzan de nuevo a la lucha, por las “Fisuras de Salida”, encabezados, como no, por Heckmair. Se enfrentan a una chimenea helada bastante complicada por la que caen aludes con una periodicidad casi predecible, en función de la intensidad de la nevada y la sobrecarga de los neveros de cima. Aún así, pequeños desprendimientos les pillan continuamente en la canal, obligándoles entonces a pegarse a la pared agarrándose a donde pueden, mientras se cubren la cabeza con las mochilas. Hay poca visibilidad, casi no se ven unos a otros. Uno de los aludes está a punto de provocarles un serio disgusto al coger a Heckmair a contrapié y lanzarlo sobre Vörg, que le aseguraba unos metros más abajo. En el encontronazo le clava las puntas del crampón en la mano, y la sangre de Vörg riega el hielo asustando a los austríacos que venían algo más atrás.

Heckmair no se amilana:

-Wiggerl (Vörg), voy a atacar de nuevo el desplome.

-Pero no te caigas de nuevo sobre mi, te lo suplico, responde con voz apagada y una sonrisa.

Heckmair en las Fisuras de Salida

Las canales se van haciendo menos empinadas, y los desprendimientos más raros y menos violentos , pero el hielo es más fino y tienen dificultades para meter seguros fiables.
En este lugar empiezan a oir gritos, que suponen vendrán de la cima o de las aristas del oeste. Pero deciden no contestar para no confundirles con gritos que pudieran interpretar como de auxilio y fueran a iniciar un intento de rescate poniendo en peligro a más gente.

Serían sobre las 12 horas cuando, tras horas de lucha y numerosos largos, alcanzan el nevero de cima. La escasa visibilidad hace que lleguen a la arista cimera casi sin darse cuenta, debiendo refrenarse para no caer por la cara sur. Tendría su gracia…

Eran las 15:30 del 24 de julio de 1.938. Habían completado la escalada de la cara norte del Eiger.

Luego vendrían las felicitaciones conforme iban acercándose de vuelta a Grindelwald, las primeras fotos, con rostros marcados por el esfuerzo pero sonrientes. Todavía con parte del equipo encima, sin soltar aún los piolets…

Arriba: De Izda a dcha: Harrer, Kasparek, Heckmair y Vörg

Y días después, los actos públicos y las recepciones oficales… Mala suerte que justamente el presidente electo de Alemanía fuera precisamente quien era.

Es justo reconocer, y así lo manifestaron sus propios compañeros, que si a alguien hay que reconocerle el mérito de esta ascensión, no puede será otro que a Anderl Heckmair. Un portento de hombre, que con su fuerza, determinación y empuje condujo a sus compañeros hasta la gloria de la cima.
Arriba, Heckmair en Grindelwald, aseándose a la vuelta del Eiger.
Abajo, años después, con una brazada de piolets y crampones
Yo de mayor, quiero ser como él :-).

Saber mas:

Los libros:

El documental “Eiger-Nordwaand” de Thomas Ulrich y F. Senn, con una recreación de la ascensión con equipo de época.