martes, 21 de febrero de 2012

Eiger 2.- Toni Kurz: “Ich kann nicht mehr“ (No puedo más)

Cuando el vigilante del ferrocarril sale por la boca del túnel por segunda vez, escucha por boca del joven Toni Kurz que los 4 escaladores han sufrido un accidente, y que el propio Kurz se encuentra bloqueado, colgado de la cuerda sobre el vacío de la pared. No pierde tiempo y da aviso a Grindelwald en donde se encuentra la base de los guías de montaña. El mal tiempo los tenía recluidos en el pueblo.

Un equipo de rescate formado por experimentados guías parte desde Grindelwald en el tren del Jungfrau hasta el boquete del tunel. Numerosos ojos se dirigen a la pared para intentar localizar a los desgraciados jóvenes. Cuando los guías llegan al boquete del tunel, ya está muy avanzada la tarde. Descubren la pared nevada y la roca resplandecientes de hielo. Salen fuera y van progresando hasta quedar a unos 100m debajo de donde cuelga Kurz y consiguen comunicarse con él, aunque no llegan a verlo. Les informa que Hintestoisser ha caído al vacío hasta el pié de la pared, Rainer ha sido arrastrado violentamente por la cuerda hasta llegar a un mosquetón y ha muerto aplastado y asfixiado por la presión de aguantar los cuerpos de Kurz y de Angerer. Esté último cuelga de la misma cuerda que Kurz, unos 12 metros más abajo, muerto, ahorcado por un bucle de la cuerda.
Los guías no pueden hacer más por el momento, están muy lejos de poder alcanzar a Kurz por abajo, y en esos momentos es imposible escalar para rescatarlo por arriba. Toda la pared está empapada, helada y con restos de nieve fresca. Además, por la lluvia y lo avanzado del día, no dejan de caer continuamente avalanchas de piedras y nieve. Cae la noche,
-Tienes que aguantar una noche más, le gritan.
-¡No, no nooooo!!!! exclama Kurz con desesperación.
-Volveremos mañana al alba, le dicen y vuelven impotentes al túnel. Debió de ser terrible para el equipo de rescate dejarle allí solo toda la noche,
A la mañana siguiente, temprano, los guías consiguen avanzar y llegar a tan solo 40 metros por debajo de Kurz, aunque no llegan a verle por el extraplomo. Le gritan, y él les contesta. Milagrosamente sigue vivo, pero en qué condiciones. Las ropas empapadas y medio heladas, los pies insensibles por el frio. Ha perdido el guante de la mano izda y tiene los dedos y parte de la mano congelados… Largos carámbanos de hielo cuelgan de cada una de las puntas de los crampones. Pero ¡está vivo!. Un profundo deseo de sobrevivir y la férrea voluntad de luchar lo que haga falta es lo que le ha mantenido con vida.
Toni Kurz colgando de la cuerda (Recreación en “La Llamada del Silencio”)
-¡Lánzanos un cordino y te haremos llegar material para que te descuelgues!, gritan los guías. Pero Kutz ha perdido parte de su equipo y no lleva cordinos tan largos.
Le explican que entonces tiene que bajar por la cuerda hasta llegar al cuerpo de Angerer, soltarlo dejándolo caer, y volver a subir varios metros para poder aprovechar la cuerda que vaya dejando por debajo. Luego cortará la cuerda que le cuelga y para aumentar su longitud deberá destrenzarla para luego empalmar los trozos. Por último dejará caer ese nuevo cordino hasta donde están ellos para que puedan colgar de él el material.
-Lo voy a intentar, les conteta.
Parece increíble que en las condiciones físicas en las que se encontraba pudiera siquiera plantearse semejante reto. Pero se puso a ello. De alguna manera pudo descender por la cuerda, soltar a Angerer, remontar de nuevo y ponerse a destrenzar el trozo de cuerda que había conseguido, escasamente unos 8 metros de cuerda rígida por el hielo. Todo eso ayudándose con tan solo una mano, aterida pero aún útil y los dientes. La otra mano solo era ya algo tumefacto e insensible al final de su brazo.

Le costó 5 horas toda la operación. Debió de ser un calvario deshacer el trenzado y construirse un cordino lo suficientemente largo, pero al final lo logró. Lo dejó caer y los guías sujetaron a él varios pitones, un martillo, una cuerda y un mosquetón para poder rapelarla.

Toni Kurtz estaba al límite de sus fuerzas, le resulta tremendamente complicado izar los objetos. Al final lo consigue, pero cuando deja caer la nueva cuerda, le avisan que se queda corta. Y debe repetir el penoso procedimiento de izado para poder subir otra cuerda y empalmarla con la anterior.
Toni tarda una hora más en prepararse para rapelar. Empleando el mosquetón como freno de la cuerda, comienza a deslizarse lentamente hacia abajo, metro a metro. Al cabo de un rato los guias ya pueden empezar a verle los pies, luego las piernas.... Están eufóricos, a este ritmo en pocos minutos habrá bajado hasta donde están ellos. Pero de pronto, cuando está escasamente a unos 5-6 metros de sus salvadores, se detiene. El nudo que empalma las cuerdas no consigue pasar por el mosquetón.
Se oye a Toni dar quejidos de desesperación. Tan solo podía ayudarse de la mano dcha, el brazo izdo le cuelga inerte, congelado.
Los guías le animan, no dejan de alentarle.
Se ayuda con los dientes para hacer pasar el nudo, lo intenta una y otra vez, pero es inútil, y ya no le quedan energias. Y entonces se le escucha decir “Ich kann nicht mehr”, no puedo más. Y sus fuerzas se agotan definitivamente. Se le ve inclinarse hacia adelante, su tronco bascula y queda colgando de la cintura, con los brazos y piernas colgando, definitivamente inerte.
Fué el final de la lucha en la que Toni Kurz nunca llegó a entregarse. Solo la muerte le impidió seguir peleando. En la historia del montañismo apenas existen informes sobre mayor tenacidad y sufrimiento heróico.
Arnold Glatthard, uno de los guías, una persona de natural tímida y reservada, comentó: “Fue el momento más triste de mi vida”.

Toni Kurz
Cualquiera que ame la montaña y tenga una mínima sensibilidad, no puede sino sentirse profundamente conmovido por el desenlace de la aventura de Toni Kurz y de sus compañeros.
Seguro que su lucha tardará en ser olvidada.

Saber más: Película-documental “La Llamada del Silencio”, de Joe Simpson

Película “The North Face"


1 comentario:

Anónimo dijo...

vaya historia triste... snif...