



Historia e historias de los piolets clásicos, de montañeros/as de antaño, y de otros equipamientos alpinísticos





Rampa (foto actual)
Por esta zona las dos cordadas se unen en una sola, y así, los 4 juntos afrontan la Vira Delicada, una especie de faja horizontal que acaba en la Fisura Delicada. Es aquí desde donde un fotógrafo les toma una foto desde un avión que se acercó a la pared buscando a los escaladores.

Tras la Rampa continúan por la Vira Delicada con Heckmair delante escalando ya la Fisura Delicada
Tras ascender por la Fisura Delicada llegan a una nueva faja, la preciosa Travesía de los Dioses. Y por esta zona, es cuando el tiempo les empieza a empeorar, con amenazadoras nubes de tormenta y niebla que cubre la pared.



En la Araña (recreación del documental de Thomas Ulrich)

Y ese era el caso. Habia tormenta de aguanieve. Y sucedió lo previsible: sobre las 16 horas un gran alud de rocas, hielo y nieve barrió durante larguísimos segundos todo el nevero de la araña. En ese momento estaban formando dos cordadas, la de Kasparek y Harrer, que iban por atrás aguantó bien el alud por estar en ese momento asegurados a clavijas de hielo, aunque Kasparek terminó herido en una mano por los golpes de las rocas y los fragmentos de hielo que caían. Heckmair demostró una vez más su valía: no estaban asegurados y sin embargo consiguió aguantar el desprendimiento asido a su piolet con una mano, mientras con la otra sostenía a Vorg por el cuello de su chaqueta. Algo ciertamente heroico porque la fuerza del alud debió de ser tremenda.
A partir de ese momento, y ya hasta el final formarían una única cordada de 4 con Heckmair en cabeza.
Al finalizar el nevero de la Araña montan el vivac, aunque las condiciones son muy precarias, tan solo disponen de una estrecha repisa en donde apenas pueden estar sentados con los pies colgando sobre el vacío.
La noche no es mala del todo, aunque sigue el mal tiempo. Nieva, pero donde están se sienten a cubierto: una pequeña repisa les protege de los continuos desprendimientos y aludes que caen sin parar.

Heckmair no se amilana:
-Wiggerl (Vörg), voy a atacar de nuevo el desplome.
-Pero no te caigas de nuevo sobre mi, te lo suplico, responde con voz apagada y una sonrisa.

Serían sobre las 12 horas cuando, tras horas de lucha y numerosos largos, alcanzan el nevero de cima. La escasa visibilidad hace que lleguen a la arista cimera casi sin darse cuenta, debiendo refrenarse para no caer por la cara sur. Tendría su gracia…
Eran las 15:30 del 24 de julio de 1.938. Habían completado la escalada de la cara norte del Eiger.
Luego vendrían las felicitaciones conforme iban acercándose de vuelta a Grindelwald, las primeras fotos, con rostros marcados por el esfuerzo pero sonrientes. Todavía con parte del equipo encima, sin soltar aún los piolets…






Saber mas:
Los libros:

El documental “Eiger-Nordwaand” de Thomas Ulrich y F. Senn, con una recreación de la ascensión con equipo de época.

La cara norte del Eiger, vista desde Grindelwald
La conquista del Eiger no estaba resultando nada fácil. Se estaba pagando un precio demasiado alto.
En agosto del 35 Sedelmayr y Mehringer murieron congelados en el que a partir de entonces se denominó “Vivac de la Muerte”. En Julio del 36, lo hicieron Toni Kurz, Hinterstoisser, Anderer y Rainer. En julio del 37, Gollackner. En Junio del 38 los italianos Sandri y Menti…
Demasiadas muertes condujeron a las autoridades suizas a prohibir cualquier otro intento. Aunque al poco la prohibición se levantó a los pocos meses, no se le pueden poner puertas al campo.
Cuando el 21 de julio del 38 4 jóvenes se encontraron en la base de la pared, pudieron verse claramente las diferencias de las dos cordadas distintas que pensaban ascender la cara norte. La cordada alemana de Anderl Heckmair y Ludwig “Wiggerl” Vörg estaba mucho mejor preparada, y no solo de forma física, que también. Habían conseguido algo de financiación y llevaban material moderno, especialmente los nuevos crampones de metal ligero y 12 puntas, dos de ellas delanteras, del estilo de los que comenzaba a fabricar Henry Grivel en Courmayeur. Iban a permitir afrontar con mayor seguridad las verticales palas heladas. Además, técnicamente Heckmair era con diferencia el más capacitado. Con sus 32 años era el mayor de los 4, y tenía una amplia experiencia en escalada en caras norte. Y físicamente estaba pletórico. Además, tanto él como Vörg habían explorado ya la pared del Eiger el verano anterior.

Arriba: Anderl Heckmair y Ludwig "Wiggerl" Vörg

Fritz Kasparek y Heinrich Harrer
La otra cordada la componían los austríacos Fritz Kasparek y Heinrich Harrer, el que posteriormente inspiró la película de JJ. Annaud, 7 años en el Tibet. No solo no disponían de los crampones de 12 puntas, sino que, aunque parezca mentira, tan solo llevaba crampones Kasparek. Resulta que Harrer juzgó mal, esperaba encontrar más roca que hielo y pensó que con las botas con tricounis le bastaría. El error de previsión hizo que prácticamente toda la ascensión la debió de hacer en último lugar, para aprovechar la huella y los peldaños que le iban haciendo sus compañeros.

El mismo día 21 Kasparek y Harrer iniciaron la ascensión dejando a los dos alemanes en la base de la pared. Tras varias horas de escalada llegan a la Rote Fluh y a la Travesía Hinterstoisser, que atravesaron con facilidad gracias a unas cuerdas fijas que habían dejado unas semanas antes otros escaladores. Toman un refrigerio en un vivac acondicionado denominado “Nido de Golondrinas”, en donde dejan una cuerda de 40m por si deben volver por ahí. Una lección que aprendieron con la desgracia de Toni Kurz y sus compañeros 2 años atrás.




Harrer prepara te en el vivac de la Rampa.

-¡Lánzanos un cordino y te haremos llegar material para que te descuelgues!, gritan los guías. Pero Kutz ha perdido parte de su equipo y no lleva cordinos tan largos.




Anderl Hinterstoisser (dcha) junto a su amigo Toni Kutz
La conquista de algunas montañas supone en algunos casos, superar una serie de dificultades determinadas, unos pasos técnicos, que en ocasiones se consiguieron por primera vez con altas dosis de audacia y grandes sacrificios. Es el caso del Muro Kinshofer del NangaParbat, o del de Seigneur del Makalu, del Escalón Hillary del Everest, o más cercanos a nosotros: del Paso de Mahoma del Aneto o el del Gato en La Munia.
Pero ahora nos vamos a los Alpes, a la montaña más conocida e impresionante: el Eiger y su espectacular cara norte. Para su conquista fue preciso vencer un paso clave, el que se conoce como la Travesía Hinterstoisser, una amplia losa vertical de roca prácticamente lisa. Actualmente está graduada en Vº A0, lo que en escalada alpina y en la década de los 30, era algo que parecía prácticamente insuperable.
Las circunstancias que llevaron a su conquista, y el resultado final de quienes lo consiguieron, bien merece una entrada.
Abajo, la vía de la primera ascensión al Eiger (pinchar encima para ver ampliada)





Solo una sombra de duda enturbia la euforia de los espectadores. La pareja Angerer-Rainer parece que al final se iba retrasando. Daba la impresión de que a Angerer le había sucedido algún percance, quizá le ha golpeado una roca de las muchas que caen.
A la mañana siguiente se les ve salir decididos a las 7h. Han decidido formar una única cordada y se les ve progresar por el Segundo Nevero, aunque bastante más despacio que el día anterior.Emplean todo el día en llegar a la zona del “Vivac de la Muerte de Sedelmayr”. Y finalmente deben vivaquear una segunda noche en un lugar cercano al comienzo de “la Rampa”.
Al comienzo del tercer día se ve como Kurz y Hinterstoisser salen hacia la Rampa. Los austríacos no les siguen, al parecer Anderer está peor de lo que se suponía. A la media hora, los primeros se dan la vuelta, llegan donde el vivac, y tras largo rato, los 4 juntos inician el descenso. Atraviesan de vuelta el Segundo Nevero y comienzan a montar rápeles para alcanzar el Primer Nevero. Pero van muy lentos, empapándose en las numerosas cascadas y torrenteras de la pared, y lo que es peor, el tiempo está empeorando, el cielo se encapota de nubes y desciende bruscamente la temperatura y comienza a llover. Les cuesta horas llegar al Primer Nevero y cuando lo hacen ya se les ha echado la noche encima y deben afrontar un terrible tercer vivac, totalmente empapados.
Debilitados por la fría noche, se enfrentan al cuarto día con un terrible reto: atravesar de vuelta la Travesía Hinterstoisser. Angerer está peor, a duras penas pueden arrastrarlo con ellos. Llegan a la zona de la Travesía, pero no contaban con hacerla de vuelta, y habían retirado la cuerda. El panorama que presencian debe ser penoso: la lluvia se ha congelado sobre la pared dejándola completamente cubierta de hielo. El camino de retorno parece estar cerrado, es imposible pasar la Travesía de vuelta, incluso para Andreas Hintestroisser.
Abajo, una imagen para el recuerdo: la cordada de los aragoneses Rabadá y Navarro en la Travesía Hinterstoisser

Un vigilante del ferrocarril les oye desde el boquete del túnel de la línea del Jungfrau. Los tiene unos 150 metros por arriba, y les grita que les va a preparar un te.Una hora después, cuando vuelve a asomarse ya solo oye los gritos de Toni Kurz pidiendo socorro. Al parecer han sido alcanzados por un desprendimiento.
-Mis compañeros han muerto, solo yo sigo vivo, le dice Kurz a gritos.
Continúa en la siguente entrada:
EIGER. 2.- “Ich kann nicht mehr“ (No puedo más)
Abajo: Anderl Hinterstoisser, que logro abrir el camino para alcanzar la cima del Eiger

